Déjame intentarlo de nuevo

Publicado el abril 16, 2018 a las 9:21 pm Subido por Fernando Zamorano Lucero

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28 años tuvieron que pasar para ver al famoso Club Deportivo General Velásquez en el fútbol profesional. De seguro muchos de ustedes, al igual que yo, nunca nos imaginamos este acontecimiento. Claro, si en sus 110 años de vida solo en tres oportunidades había podido estar presente en el profesionalismo. La primera en 1983 por vía secretaría, la segunda en los años 87’, 88’ y 89’, y para la generación de los 90’, ayer fue nuestra primera vez.

Si hubiésemos tenido la opción de elegir el rival para nuestro retorno a segunda división, la pelea  estaría codo a codo entre Deportes Colchagua y Arturo Fernández Vial. Dicen que cuando uno piensa mucho en una cosa,  la atrae o simplemente se sicosea. Así de sencillo.

Nuestro contrincante no podía ser otro. Como en la mayoría de cuentos o teleseries venezolanas, el drama y la tensión juegan un rol preponderante en la historia, y este caso no sería diferente.

El viejo y respetado Fernández Vial era la primera prueba de fuego para un equipo que volvía al profesionalismo, y que está compuesto en su gran mayoría por jóvenes que oscilan entre los 20 y 25 años. Ninguno de ellos, ni en sus sueños, sabían lo que significaba para este centenario club volver a la división de honor.

Un tenue sol se hacía presente la tarde del 15 de abril en el Ester Roa Rebolledo de Concepción, palacio del fútbol en la región del Bío-Bío. Con un plantel completamente nuevo, excepto por el histórico Manuel Olea que a sus cortos 24 años iniciaba su septima temporada consecutiva en el club de sus amores, tenían la misión de dar el puntapié inicial.

La rigurosidad de los protocolos, la ansiedad y la visita a una de las canchas más complicadas del sur de Chile, configuraron el inicio de esta nueva etapa. Con un juego agresivo y bastante toque de balón, los primeros 20 minutos fueron completamente del cuadro dirigido por Roberto Rojas.

Ese juego que nos tenía acostumbrado el campeonato pasado de la mano de Ítalo Pinochet, se hacía presente en el Ester Roa con otros rostros y protagonistas. Dicen que el comienzo siempre cuesta, pero lo que no tienen certeza quienes no son del verde, es cuánto le ha costado todo en su historia al histórico Velásquez. Para la generación de los 80’ hacia atrás, lo que vive el elenco Velásquino es una especie de segundo respiro. Un goce que muchos pueden sentir y estar orgullosos de poder continuarlo.

El partido finalizó en igualdad de condiciones. Una pepa para cada lado y a esperar el próximo encuentro.  De seguro con la cabeza fría, y pensando en el próximo rival, el resultado de este encuentro no es favorable teniendo en cuenta el claro dominio de la regalona y un segundo tiempo con supremacía numérica frente a las dos expulsiones del Vial.

Sin embargo, lo que menos importaba en este gran acontecimiento para el humilde equipo del general era un resultado. Lo que esperaban mis vecinos, los hinchas que llegaban fecha tras fecha al municipal Sanvicentano y en todos quienes apoyan de una u otra forma al Velásquez era decir: ¡Por fin llegó este día!

Los análisis, celebraciones, críticas y responsabilidades del juego de este equipo ya tendrán cabida en los siguientes encuentros. Por ahora, tal como dijo una vez un joven Frank Sinatra en una de sus célebres canciones: Déjame internarlo de nuevo.

Por Nicolás Zamorano

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